MI ABUELA ERA UN PAYASO*


TEXTO MARIANA GABRIEL (ES DECIR, PAYASA BIROTA)
COLABORACIÓN CHRISTIANE GOMES
TRADUCCIÓN ELLEN MARIA MARTINS DE VASCONCELLOS
DICIEMBRE/ 2014



Doña Maria Eliza Alves era un payaso. Sí, payaso hombre. Y se llamaba Xamego, con “X”.


“Todo el mundo quiere saber
Qué es Xamego
Nadie sabe si él es blanco
Si es criollo o si es negro”


Esos eran los principales versos del tema “Xamego”, canción que tuvo mucho éxito en la década de 40 en las voces del Rey y de la Reina del Baião, un ritmo popular musical del noreste de Brasil, respectivamente el acordeonista Luis Gonzaga y la cantante Carmelia Alves, y que anunciaba la entrada del payaso Xamego en el picadero. Hasta donde se sabe, Xamego fue una de las primeras payasas de Brasil. Mi abuela.


Negra, chaparrita, un metro y medio de mucha fuerza y coraje. Coraje ese que fue probado en muchas situaciones, para enfrentar el racismo y el machismo de su época. Nació en la primera década del siglo veinte. Fuerza tamaña que la hizo enfrentar la pérdida de siete de sus hijos aún niños y mantener todavía la alegría para criar la pareja de hijos sobrevivientes y muy amados: un músico, que se tornó guitarrista de la banda del cantante Roberto Carlos por cuarenta años, mi tío, Aristeu Alves dos Reis, y una periodista, Daise Alves dos Reis Gabriel, mi madre.


“En la vida, menina, lo que vale es la salud. ¡El resto es galleta!”


Una de las enseñanzas de Maria-Xamego, tanto para mi madre, como para mí, mezclando en la frase portugués y español que su madre, mi bisabuela Brígida la enseñó, ya que era uruguaya.



EL CIRCO GUARANÍ


En verdad, cuando llegué al mundo ya no existía más el circo Guaraní, de propiedad de mi familia. Era el ‘mayor circo de Brasil’, o así lo anunciaban los altoparlantes por las ciudades donde pasaba. Mi madre tampoco hacía el número de la fuerza capilar y mi tío ya no hacía acrobacias, ni daba saltos mortales o flip-flap. A pesar de eso, todo el universo circense siempre estuvo presente en las historias y recuerdos de los íntimos.


Mi bisabuelo João Alves, negro libre, aunque hijo de esclava fue el dueño del Circo Guaraní, y nació en 1873, dos años después de la Ley del Vientre Libre, de 28 de septiembre de 1871, y que libertaba los hijos de esclavas, a partir de la fecha. Sólo quince años después es que vendría la Ley Aurea, la ley abolicionista de 13 de mayo de 1888. No sabemos muy bien en qué momento compró la carpa ni cómo fue que el circo fue fundado. El hecho es que fue un gran empresario hasta sus setenta años, pasando por las crisis económicas en la época de las Guerras Mundiales.


Mi abuela me encantaba con el orgullo de su niñez, época de oro del Circo Guaraní. Nacida en 1909, alfabetizada por profesor particular, un lujo impensable para la época, ella contaba:


“Menina, mi papá rentaba un tren, con todos los vagones, para llevar los artistas, equipos y animales. Y nosotros viajábamos por todo Brasil.”


Y yo visualizaba los números de los trapecistas, payasos, animales amaestrados, mágicos y malabaristas. El circo tenía león, elefante, serpientes, perros, gatos y el gran amigo de mi abuela: un chimpancé llamado Pescador.


“Aquel mono era terrible, él se hacía de muerto para cazar pajaritos y hasta comía los piojos de mi cabeza, y preparaba un remedio, mascando unas yerbas que pasaba en mis hematomas de niña traviesa. Y funcionaba.”


Era lo máximo. Había también las piezas teatrales. Era la época del circo-teatro, donde eran elaboradas muchas escenificaciones como la “Pasión de Cristo”, y “Cumbres Borrascosas”. En algunos casos era difícil imaginar la muerte de Jesús Cristo sobre el picadero.


“Éramos nosotros mismos que hacíamos todas las ropas, los escenarios y hasta la corona de espinas.”


Y mi abuela me enseñaba: la escena de los milagros era hecha con una sencilla caja de cartón: de un lado las hojas secas, del otro, uvas. Y un cordón imperceptible abría la caja y dejaba a todo el mundo del público con los ojos muy abiertos.


Ese era un periodo anterior a la televisión. El circo era el gran divertimiento de las personas y concentraba lo que hoy serían los conciertos de música, teatro y cine.


En el Circo Guaraní se presentaban famosas familias circenses como los Temperani, que eran los grandes pilotos del Globo de la Muerte, y los Seyssel, de los payasos Arrelia y Pimienta, dupla que quedaría famosa en la televisión años después.


Pero la grande atracción del circo era Ondina, la Mujer Serpiente, acróbata madre de Oscarito, que se tornaría en la década de 40, uno de los mayores nombres del cine Atlántida, al lado de Gran Otelo. Sobre ella, la abuelita detallaba:


“Menina, Ondina era una contorsionista que parecía una serpiente en el picadero, no parecía que tenía huesos.”


Presencia también en el circo era el acordeonista que tenía mucho éxito con sus temas, vestimentas y sandalias de cuero: Luiz Gonzaga. La canción “La Feria de Caruaru” levantaba el público que cantaba en coro toda la letra.


El anfiteatro también se energizaba cuando otra dupla pueblerina famosa cantaba su tema “Río de Piracicaba”. Eran los jóvenes, elegantes y afinadísimos Tonico y Tinoco. La carpa se llenaba y la plaza se agitaba cuando el auto musical salía por las calles anunciando la atracción del próximo fin de semana: La Caravana del Pavo que Habla, comandada por el joven locutor de radio Silvio Santos, trayendo los cómicos Ronald Golias, Manoel de Nóbrega y su banda.


“Era un alborozo ese Pavo que Habla. Menina, las señoritas de todas las ciudades que íbamos que eran fanáticas del programa de radio, corrían para comprar entradas y sentarse en la primera fila de las sillas y muchas se iban antes si él no se quedaba hasta el fin del espectáculo.”


A propósito, en el inicio de la era del radio en Brasil, en 1929, mi abuela y su hermana, tía Ifigenia, la Tita, intentaron la carrera de cantantes. Pasaron un tiempo en Río de Janeiro invirtiendo en un sueño y se quedaron en la casa del tío Benjamin de Oliveira, uno de los mayores payasos del país, y el primer payaso negro de que hay noticia. Una figura fuerte, presente en el escenario artístico nacional y que abrió campo para los futuros artistas afro descendientes.


Abuela Eliza y tía Tita cantaron en la Radio Nacional, donde conocieron Cesar Ladeira, Hebe Camargo que tuvo mucho éxito como cantante; y Dercy Gonçalves, conocida en el teatro, cine y televisión.


“Era Cesar Ladeira quien escogía los artistas que participarían de su conocido programa en la Radio Nacional. Hebe Camargo era muy jovencita y usaba unas trencitas largas. Y Dercy Gonçalves ya era muy chistosa.”


Algunos años después, con el casamiento de la sobrina Noemia com Genesio Arruda, uno de los mayores nombres del teatro brasileiro, mi abuela y mi tía acabaron haciendo parte de su caravana. Genesio Arruda llegaba en las ciudades con su auto amarillo, su banda y su figura popular (un precursor de Mazzaropi, una versión brasileña de Cantinflas)  haciendo enorme éxito. Con este grupo, ellas viajaron principalmente, al sur del país aún trabajando como cantantes. En la época, eran conocidas como las Hermanas Alves y eran muy aplaudidas cuando cantaban Tiptiptim.


Mi abuela recordaba, cantando y bailando, con sus ojos brillantes, como si estuvieran en el escenario otra vez:


Tiptiptim...tiptim
Tiptiptom...tiptom...
Siempre que amanece junto a tu ventana
Canto esta canción



Y XAMEGO NACE....


En 1942, ellas volvieron a São Paulo y mi abuela se casó con el abuelo Eurico, un hombre apasionado que huyó con el circo. En este periodo mi tío-abuelo, tío Toninho, el payaso Gostoso, que era la gran estrella del Circo Guaraní, tuvo un problema serio de salud: una enfermedad degenerativa que hizo que lo amputaran las piernas. De la necesidad de tener un payaso sustituto, nació Xamego. Y lo que era para ser un papel provisorio duró cincuenta años.


No fue fácil. Mujeres no se vestían de payaso en la época. La idea de reír de una mujer, difícil de aceptar aun en la sociedad actual, no agradaba nada ni a nadie en aquellos tiempos. Fue necesario que mi abuela convenciera a mi bisabuelo. Y de un modo tradicional de circo, con el famoso “hazme reír”. Mi abuela contaba que se vistió con una ropa chistosa, soltó su cabello rizado que quedaba bien lleno y colocó un sombrerito bien pequeñito en la cabeza. Chistosa que era, consiguió hacer que mi bisabuelo testarudo se divirtiera. ¡Y el payaso Xamego se hizo real!



... Y EL PAYASO QUÉ ES… ¡LADRÓN DE MUJER!


Xamego tenía participación en casi todos los números del circo: en la entrada con el compañero, presentando los hijos acróbatas, los hermanos Alves, trabajando en las comedias y entrando en el número de los malabaristas para hacer trucos y travesuras.


Su personalidad (tipo) principal era astuto y gozador, el opuesto del compañero, mi abuelo, que hacía la línea inteligente, más seria, pero que siempre caía en las armadillas de Xamego. Y eso encantaba mucho a las mujeres espectadoras. Y había muchas enamoradas por Xamego. Ellas esperaban para verlo después del espectáculo sin maquillaje. Mi madre dijo que recibía muchas cartas de amor destinadas a él. ¡Imagínate!


Normalmente el circo quedaba muchas temporadas en las plazas, nombre dado a los locales que se presentaban. En el último día de espectáculo, el misterio era desvendado: mi abuela arrancaba la peluca y se presentaba como mujer. Se escuchaban llantos de las mujeres apasionadas por todos lados.




EL SENO DEL PAYASO


Muchos registros del Circo Guaraní fueron perdidos. En una discusión de familia, mi tía-abuela quemó fotos y documentos. Recientemente, en búsqueda de más detalles de nuestra historia encontramos un libro llamado Tercera Señal, de la autora Dirce Militello. En él, hay un capítulo llamado “El payaso” que cuenta las impresiones de la escritora sobre el circo de mi familia. Y hay un trecho muy bonito en que ella dice hipnotizada por ver a Xamego, aún maquillado, en un intervalo de escena, amamantando un niño: mi tío Aristeu. Sobre este episodio:


“La foto que no fue sacada, pero que quedó dentro de mis ojos y aún veo cuando busco en la memoria mis viejos recuerdos. El payaso amamantando su hijo que lloraba.
En el camerino, el niño lloraba, ella lo daba de mamar aún sin sacar el maquillaje y la ropa. Allá fuera mucha gente esperaba, queriendo conocer al simpático payaso, principalmente las mujeres. Es gracioso como las muchachas se enamoran de los payasos, aún sin conocer sus verdaderos rostros… el rostro es lo que despierta la atención, tal vez la curiosidad por saber quien está por detrás del maquillaje… o por la necesidad de sonreír.”



XAMEGO EN MÍ


Fue como un pacto, un verdadero pasaje de bastón con simples, pero intensos cambios de miradas.


En mi primera fiesta de Halloween de la escuela, yo tenía dos años, era 1983, y mi abuela me travistió, me maquilló y me preparó para el evento. Ella hizo mi sombrero de bruja de cartulina rosa y una nariz asustadora. Tan horrorosa que no me acuerdo ni de qué material la hiciera. Ella me tocaba el rostro, fascinada, me maquillaba para la presentación. Me acuerdo perfectamente de aquella mirada. En la escuela, las personas se asustaron. En el medio de muchas chicas arregladas, princesas blancas y monstruos que parecían príncipes, estaba yo, la bruja negra. Una bruja de verdad.


Entendí aquello como arte. Que cuando se es bruja, se es bruja de verdad. Tiene que ver con la fe escénica y hasta con la coherencia que se debe llevar la vida, en mi modo de pensar. Tengo para mí que en aquel momento, entendí un poco de la fascinación que es actuar y ser lo que se quiere ser. Un universo de posibilidades se me abrió. Magia pura. Fue por eso que me transformé en la payasa Birota.


Hace siete años que mi abuela falleció. Haría ciento cinco primaveras en 2014. No la vi vestida de Xamego personalmente, pero puedo decir que su alegría contagiosa y su modo de ser, la risa estaba presente en los momentos más difíciles e hicieron más leve mi vida y de todos mis amigos y vecinos que convivieron con ella. Ella nos llevó a muchos momentos de felicidad. En la famosa y tradicional feria de Pompeia (barrio de la capital de São Paulo), ella era esperada por todos, pues siempre que iba hacía una grande rueda para bailar y cantar.


“¿Cómo es, menina?” – ella me decía como si quisiera decir ¿No vas a bailar también?


Ya enferma en el hospital, ella hizo una rap para el enfermero, que entró cantando de madrugada:


La viejita guapita
Ahora se va a levantar
Ella está enfermita
Pero ya es tiempo de curar


Como a mi abuela siempre le gustó una rima, la respuesta fue inmediata, sorprendiendo al enfermero que era un joven, de casi dos metros de altura y dueño de una voz maravillosa.


Mi niño guapito
Sólo tú me puedes ayudar
Saca de una vez mi sangrecita
Que pronto me voy a mejorar


Así era Doña Maria Eliza, mi abuela.


Hace cinco años que actúo como payasa. Un papel de altruismo, un lugar para ser generosa con las personas, distribuyendo alegría. Una posibilidad de ser libre para decir lo que se piensa, para sentir lo que se quiere, libre de las reglas sociales y perjuicios. Un lugar combativo, de cuestionamiento de injusticias y de reflexión colectiva. Una posición que me orgullo de ocupar.


Creo que entendí su recado, mi abuela. Está en mi sangre. También tengo serrín en mis venas. Me doy cuenta que tengo un Xamego en mí.


Pacto sellado.


Respetable público: ¡Salve el payaso Xamego!

 


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MARIANA GABRIEL, o Payasa Birota, cineasta por la Fundación Armando Alvares Penteado (FAAP) y periodista de la ESPN Brasil.


CHRISTIANE GOMES es periodista, maestre en Comunicación y Cultura por la Universidade de São Paulo (USP). Actúa como coordinadora del cuerpo de danza del Bloco Afro Ilú Obá de Min, en la ciudad de São Paulo.


ELLEN MARIA MARTINS DE VASCONCELLOS es revisora y traductora de textos. También es investigadora y cursa la maestría en la Universidade de São Paulo (USP) en literatura hispanoamericana contemporánea.





*Texto originalmente publicado en la revista “O Menelick 2ºAto”
Edición Zer013 (2014).

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Ilustración MLOK
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MARIANA GABRIEL (ES DECIR, PAYASA BIROTA)
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Doña Maria Eliza Alves (Xamego)
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Silvio Santos
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